Puede decirse hoy mismo que el legado más importante que dejará la gestión del radical Maximiliano Pullaro como gobernador es la Reforma de la Constitución de Santa Fe. Aun cuando faltan dos semanas para el final de la Convención e incluso cuando le restan más de dos años de mandato. El gobierno de Pullaro, no tengo dudas, será recordado principalmente por esto.
Hablamos aquí de legados. Para la Real Academia Española y para el uso común de las personas, un legado es “aquello que se deja o transmite a los sucesores, sea cosa material o inmaterial”. Es inobjetable esa doble condición: material e inmaterial.
Para los romanos, tan prácticos como sabemos, el “legatus” era bien concreto y hacía referencia al representante de la autoridad. Ese mismo carácter adquiere también el legado para la estructura eclesiástica. Y en el Derecho, hijo de Roma, el legado tiene que ver con la herencia; esto es, el modo material y concreto en que se reparten los bienes de una persona.
Pero en la traslación a la vida cotidiana, el legado admite una parte “espiritual” y simbólica, no sólo material. Pueden ser legados de una persona, organización o administración, su defensa de las libertades, su lucha contra la injusticia, su amor por la patria….
Puestos ya en tema, se podría ensayar un breve y precario “paseo” por los legados de los gobiernos que hemos tenido en Santa Fe, desde la recuperación de la democracia.
Gobernadores santafesinos
En 1983, un muy joven (tenía 39 años) José María Vernet asume la gobernación tras la dictadura, inaugurando la larga serie de mandatarios peronistas, que recién se interrumpirá 24 años y 6 mandatos después, en 2007, con la llegada al poder del socialista Hermes Binner.
Podría decirse que, entre los aportes “materiales” de la gestión Vernet, se destacan –está en internet a un clic de consulta- “la descentralización de la administración y la creación de Juzgados en distintas ciudades de la provincia. También trabajó para trasladar la actividad pública al sector comunitario, a través de las mutuales de viviendas, cooperativas de agua potable, consorcios camineros y comités de cuencas, entre otros”.
Fue también el gestor de el Plan Lote, el Proyecto Sol y la Escuela Media para Adultos (las EEMPA), para facilitar el estudio secundario de quienes trabajan.
Pero el verdadero legado, es, si se quiere, “inmaterial”: poner en marcha la institucionalidad completa tras la larga noche de la dictadura. Ese es el legado de Vernet.
Luego, uno puede hacer el intento de repasar, una por una, cada gobernación con sus virtudes y defectos, y, haciendo un ejercicio de abstracción, encontrar también sus (presuntos) legados, lo que dejaron para las futuras gestiones y generaciones de santafesinos.
Luego de Vernet fue el turno de Víctor Félix Reviglio, que había sido ministro de Salud de su antecesor. Médico de profesión, quizás en el área de la salud –que bien conocía- puede encontrarse su legado: se crearon nuevos centros de sanidad en todo el territorio provincial y se avanzó con programas específicos: Plan de coordinación para el control de diarreas estivales; investigación del Mal de Chagas o el Plan de Lucha Antituberculosa.
Vienen luego las cuatro gobernaciones alternadas de Reutemann y de Obeid. Ambos tenían, con muy diferentes matices, una impronta a favor de obras en el territorio. El “Lole” entendía además la producción; mientras que el ingeniero aportó en materia de infraestructura vial, especialmente.
No sería descabellado asegurar que Reutemann dejó como legado un modo prolijo y equilibrado de administración, que los gobernadores posteriores sostuvieron y que permitió, hasta hoy inclusive, un manejo sin grandes sobresaltos en las cuentas públicas, ayudando a asegurar eso tan difícil que se llama “gobernabilidad”.
Y en cuanto a Obeid, tras dos gestiones caracterizadas por la obra pública, al final de su mandato se modificó la controvertida ley de lemas. Y si bien el peronismo se lo reprocha, porque le abrió las puertas de la gobernación al frente entonces comandado por el socialismo, la democracia bien puede tomar ese cambio como un buen legado, también.
Hermes Binner trazó en su gobierno lineamientos ambiciosos: los nodos (una suerte de reorganización administrativa que quería romper la lógica de los departamentos y en paralelo, el poder que sus representantes naturales, los senadores, tenían y aún tienen), los grandes hospitales de cabecera, los acueductos. Esos fueron además los mapas de ruta de las dos gobernaciones siguientes (Bonfatti y Lifschitz) y seguramente su legado, además de ser el primer gobernador socialista de la historia argentina.
A Bonfatti se le reconoce el Plan Abre, como una forma de trabajar en los barrios “calientes” de las grandes ciudades y de generar una manera focalizada de presencia estatal específica que apuntaba a mejorar la infraestructura (y no sólo la parte policial o preventiva).
Miguel Lifschitz dejó como legado un modo de cercanía y presencia territorial en su gestión, además de impulsar o continuar obras en todos los frentes.
Después del socialismo
Luego viene la rara gobernación de Perotti, que será recordada como “la de la pandemia” (un condicionante extraordinario que se comió la mitad del mandato) y que dejó un par de buenas ideas que apenas pudieron plasmarse en obras: el boleto gratuito, la idea de un plan provincial para dotar de internet de calidad a todo el territorio, la corrección del sistema de acueductos del socialismo, bosquejando toma de agua del Paraná también para el noroeste de la provincia.
Lo mejor, quizás, estuvo después de finalizada su gestión, al entender el momento político y apoyar la posibilidad de la reforma, que ya habían esbozado con fuerza Lifschitz y el propio Perotti también, con menos consistencia, infructuosamente ambos.
Y, por fin, Maximiliano Pullaro, además de volver a poner al radicalismo en el poder santafesino después de seis décadas (el anterior gobernador de su partido había sido Aldo Tessio, que asumió en 1963), dejará como legado, nada menos, la Reforma de la Constitución santafesina, una profunda modificación que también esperó más de sesenta años, ya que la anterior convención fue en 1962.
Así es que, aun cuando le falte más de la mitad de su mandato, aun cuando pueda referirse a la seguridad como una política central de la gestión, aun cuando la obra pública redondee al final una fuerte incidencia territorial; incluso si decidiera usar la herramienta de la reelección ahora consagrada constitucionalmente, incluso si se transformara en el primer gobernador de la historia de Santa Fe en ser reelecto en mandatos consecutivos; aun así, el principal legado de Maximiliano Pullaro ya está definido ahora mismo y para siempre. Es la Reforma de la Constitución de la provincia de Santa Fe.
