El mediocampista uruguayo de Galatasaray se refirió otra vez a su anhelo de pasar al Xeneize. Con 30 años, aún no se da por vencido, pero reconoce que no hubo contactos. «Si nadie me quiere no va a pasar nada», dijo.
Primero fue Edinson Cavani, luego le tocó a Ánder Herrera y ahora el que quiere sumarse a la lista de extranjeros exitosos que llegan a Boca es Lucas Torreira. El mediocampista de Galatasaray volvió a reconocer que su sueño era vestir la camiseta xeneize, aunque también admitió que no dependía de él. «Más allá del deseo que yo tenga, si nadie me quiere no va a pasar nada», expresó en diálogo con Las Voces del Fútbol por, El Espectador Deportes.
Desde Turquía, donde acaba de debutar como capitán (con gol y asistencia) en el reciente triunfo sobre Alanyaspor, el uruguayo manifestó: «Yo siempre lo dije, el deseo más grande que tengo es poder ir a jugar a Boca. Pero yo no puedo seguir diciendo eso si nadie me quiere de Boca».
No es la primera vez que manifiesta su cariño por el club, de hecho tiene incluso fotos con la camiseta puesta y con Juan Román Riquelme, actual presidente xeneize. Sin embargo, por ahora nunca hubo ningún tipo de acercamiento, y si bien no se da por vencido, Torreira sabe que no está en su horizonte de corto plazo llegar a La Ribera.
A los 30 años, peleando de atrás por entrar en la lista de Uruguay para el Mundial y tras una larga trayectoria en Europa (desde 2015 jugó en Pescara, Sampdoria, Arsenal, Atlético de Madrid, Fiorentina), su intención es volver a su país a cerrar su carrera, pero, claro antes le gustaría pasar por Boca. Actualmente, tiene contrato con Galatasaray hasta mediados de 2028.
Hasta ahora, nunca hubo contactos ni siquiera informales para tantear su situación y el volante dejó entrever cierta incomodidad con seguir ofreciéndose para jugar en el Xeneize. «Todos saben el deseo que yo tengo de Boca, ya lo he dicho 200 millones de veces, hasta que me cansé de decirlo. Nunca nadie se comunicó conmigo, nunca nadie tampoco tuvo la intención de decir ‘mirá, está la posibilidad’, entonces juego realmente donde me quieren«, agregó.
Y concluyó: «Más allá del deseo que yo tenga, si nadie me quiere no va a pasar nada. Mi vida no va a cambiar. Sí me voy a sentir mal el día que termine mi carrera por no haber jugado».






