Boca Juniors continúa en la búsqueda activa de un centrodelantero tras la lesión de Adam Bareiro. Mientras avanzan las gestiones por el fichaje de Enner Valencia, el Consejo de Fútbol posó sus ojos en Ezequiel «Chimy» Ávila. El atacante de 32 años se encuentra con el pase en su poder tras nueve temporadas en el fútbol español y las conversaciones formales para concretar su regreso a la Argentina comenzarían en las próximas horas.
Detrás del futbolista hay una conmovedora historia de superación. Nacido en Rosario, tuvo una infancia muy compleja que lo llevó a ser condenado por robo siendo menor de edad, pasando dos años en prisión. Tras cumplir su condena, se aferró al fútbol y, ya consolidado como profesional, comenzó a dar charlas de reinserción social. «Tengo muchos amigos que han muerto dentro de la cárcel. Una cárcel te cierra, pero no te mata. Los presos no tienen sueños apagados, los tienen en pausa. Me equivoqué y lo pagué», reflexionó en una de sus exposiciones.
Tragedias familiares y el quiebre con su pasado
La vida del delantero estuvo marcada por golpes durísimos. A principios de 2020 sufrió la primera de dos roturas de ligamentos cruzados (una en cada rodilla) y, apenas cinco días después, su cuñado fue asesinado a tiros en Rosario junto a su esposa e hija. Respecto a la peligrosa realidad de su barrio natal, Empalme Graneros, Ávila fue contundente: «Veo a muchos jugadores que se van a sus casas y están con sus amigos de la infancia. Yo no puedo ir porque no sabés si en cualquier momento te van a matar. Yo he llevado armas en la cintura y pensás que sos un superhéroe. Y no lo sos».
Su camino en el fútbol y el sueño trunco con España
Aunque realizó parte de las divisiones inferiores en Boca —donde fue compañero de Leandro Paredes—, su debut profesional se dio en Tiro Federal. De allí saltó a San Lorenzo y posteriormente comenzó su travesía europea. Tras un préstamo en el Huesca, el Osasuna le compró su pase al Ciclón por 2.5 millones de dólares, club donde se convirtió en ídolo por su entrega y goles.

Su enorme nivel en Pamplona captó la atención de Luis de la Fuente, quien lo preseleccionó para la selección de España en la primera convocatoria post Mundial de Qatar 2022, aunque finalmente fue recortado de la lista definitiva. En 2024 pasó al Real Betis, pero no logró consolidarse y quedó libre en julio de este año. Fiel a su estilo crítico y social, el delantero disparó recientemente que «el fútbol es un tráfico humano legalizado».
Un viejo anhelo que puede concretarse
El interés de Boca por el rosarino no es nuevo. En 2022, el delantero visitó la concentración xeneize para ver a su hermano Gastón Ávila (actual jugador de Rosario Central). Hoy, con la ficha en su poder y tras una última temporada en Europa donde disputó 30 partidos y marcó tres goles, el retorno del «Chimy» al fútbol argentino parece estar más cerca que nunca.







