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domingo, 9 agosto 2026

La Organización Meteorológica Mundial prevé un Niño comparable al de 1997, aunque advierte: «Ningún evento es similar al anterior»

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No es una posibilidad ni una amenaza lejana: el fenómeno de El Niño ya se instaló y, según la Organización Meteorológica Mundial de las Naciones Unidas (OMM), viene con una intensidad que obliga a prestar atención.

Así lo confirmó Julián Báez Benítez, director de la Oficina Regional para las Américas del organismo. El especalista señaló que «las proyecciones de la Organización Meteorológica Mundial están basadas en datos y pronósticos de los centros globales distribuidos alrededor del mundo y indican que ya estamos ante un evento El Niño».

Agregó el dato que enciende las alarmas: las proyecciones para la próxima primavera y verano marcan una intensificación del fenómeno que, «a juzgar por los indicadores que se manejan para monitorear y predecir la evolución del mismo, indican que va a ser muy fuerte».

Un fenómeno que puede ser inédito por su magnitud
En declaraciones al programa «Que quede claro», que se emite por LT10, Benitez no dudó en trazar un paralelo con uno de los eventos climáticos más recordados de las últimas décadas.

Según explicó, «todo indica que puede ser comparable al evento El Niño de 1997-1998, aunque ningún evento Niño es similar al anterior». La salvedad no es menor: cada Niño tiene su propia huella, pero las señales que hoy arrojan los indicadores oceánicos y atmosféricos «dan cuenta que esa tendencia es muy parecida a la del 97-98«.

Para dimensionar lo que eso significa, alcanza con mirar el antecedente más reciente que tuvo la región: el evento de 2015-2016, que dejó inundaciones en gran parte del centro y noreste argentino, sur de Paraguay, sur de Brasil y norte de Uruguay. La diferencia, advirtió Báez Benítez, podría estar en la duración: mientras que «El Niño 2015-16 prácticamente terminó de manera abrupta a principios del 2016″, el de 1997-98 «se extendió hasta terminado el verano del 98 e inclusive inicios del otoño del 98».

¿Cuánto puede durar?

La pregunta que más preocupa —cuánto tiempo se va a extender el fenómeno— tiene una respuesta condicionada, como toda proyección climática. «Las proyecciones de los modelos climáticos pueden avanzar hasta un año inclusive, pero la certeza… no hay certeza en los modelos», reconoció el director regional de la OMM.

Explicó que la incertidumbre crece cuanto más lejos se proyecta: a tres meses es baja, pero a seis o nueve meses aumenta considerablemente.

Con esa salvedad, el dato concreto que manejan hoy los centros de monitoreo es contundente: «los indicadores de El Niño indican que esto va hasta marzo del año que viene inclusive».

El impacto en Santa Fe: todavía no se siente, pero ya está en marcha
Para la región santafesina, Báez Benítez fue claro en que el invierno todavía no deja ver la cara más dura de El Niño, pero que las señales ya están presentes de otra forma.

«Actualmente no son tan evidentes los impactos en las lluvias porque estamos en invierno», explicó. Sin embargo, apuntó a un dato que cualquier santafesino puede corroborar con solo salir a la calle: «el invierno, por lo menos en esta región y el sur de Paraguay también, si bien empezó frío, no está haciendo tanto frío en estos momentos. Esa es una de las características de El Niño».

El pronóstico para la región que integra Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Chaco y Misiones es de un impacto que irá in crescendo con el correr de los meses. «El impacto con lluvias se verá amplificado en la primavera-verano: octubre, noviembre, diciembre, y si todo va como se proyecta, inclusive hasta marzo del próximo año», detalló el especialista.

Nevadas en el sur, calor en el norte: los efectos variados de un mismo fenómeno
Uno de los aspectos más llamativos que remarcó Báez Benítez es que El Niño no genera un único tipo de impacto, sino una serie de efectos que varían drásticamente según la región. Mientras en el sudeste de Sudamérica —donde se ubica Santa Fe— el fenómeno se traduce en lluvias intensas y abundantes, en el norte de Sudamérica y el Caribe el mismo evento genera sequías.

Puertas adentro del país, el contraste también es visible: mientras en la llanura pampeana y el litoral el invierno se muestra más templado que lo habitual, la cordillera sur registra nevadas intensas. «La otra cuestión son las nevadas intensas en el sur de Argentina, es otra de las características también de El Niño. Son efectos muy variados dependiendo de la región en que estemos», resumió el director regional de la OMM.

La explicación de fondo, según el especialista, tiene que ver con el mecanismo mismo del fenómeno: «Cuando un evento El Niño coincide con el invierno en esta región, generalmente ese invierno se vuelve más cálido. No es tan intenso como un invierno normal». Y no es una percepción aislada de la región santafesina: «aquí donde estoy en Paraguay también estamos por la misma situación», graficó Báez Benítez, dando cuenta de la escala continental del fenómeno.

El Paraná, la «columna vertebral» que hay que monitorear
Si hay un actor central en esta historia para la región litoraleña, ese es el río Paraná. Consultado sobre el comportamiento que se espera de los cursos de agua ante el exceso de lluvias, Báez Benítez no dudó: «El Paraná es el gran forzante en este caso».

El aumento de los caudales del Paraná y de sus afluentes —los ríos Uruguay y Paraguay entre ellos— es, según explicó, el impacto inmediato y más visible de las lluvias amplificadas que trae el fenómeno, con riesgo de inundaciones tanto urbanas como ribereñas.

Información y acción
Más allá del diagnóstico climático, hizo referencia a la gestión del riesgo. Báez Benítez explicó cómo funciona el entramado de información climática que sostiene a la región: Argentina cuenta con un Centro Regional del Clima que funciona en el Servicio Meteorológico Nacional, en conjunto con el Instituto de Meteorología de Brasil, y que brinda pronósticos climáticos a toda la región.

«En Santa Fe, la Universidad Nacional del Litoral tiene un centro de meteorología que es más para investigación, pero muy importante también, el CIM-SeVeRCAM. De hecho, la Universidad Nacional del Litoral es uno de los centros regionales de formación de la OMM para temas de hidrología… es uno de los centros regionales a nivel global y está para apoyar a todos los países de la región».

«Lo importante aquí es tomar las medidas necesarias para poder mitigar los impactos. El efecto no lo vamos a evitar, pero sí podemos mitigar los impactos», sostuvo.

«Es muy importante que esa información, en la medida en que vayamos teniendo más precisión, llegue a las autoridades y sobre todo llegue a la gente, que la gente sepa qué debe hacer. Porque de nada sirve tener una alerta y no tener un protocolo de actuación ante los eventos extremos».

El diagnóstico final del especialista de la OMM es, en el fondo, una hoja de ruta: fortalecer los sistemas de alerta temprana y de gestión de riesgo en todas las áreas que puedan verse impactadas por lo que se viene.

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