Tenía 69 años y dejó una huella imborrable como comentarista, analista e historiador del pugilismo. Nacido en San Justo, construyó su carrera durante más de cinco décadas en tierras mexicanas
El periodismo deportivo está de luto. El santafesino Eduardo Lamazón, reconocido mundialmente por su trabajo en el boxeo, falleció este 4 de mayo a los 69 años. Nacido en San Justo, pero radicado en México desde muy joven, se transformó en una figura central del análisis pugilístico, con un estilo propio que lo llevó a ganarse el respeto de colegas, campeones y fanáticos.
Eduardo Lamazón, marca registrada en cada transmisión
Popularmente conocido como “Don Lama” o por su célebre latiguillo “Lama, lama, lamita”, Lamazón fue durante años una de las caras visibles de las transmisiones de boxeo en la televisión mexicana. Su clásica “tarjeta” round por round se convirtió en una referencia obligada para los seguidores del deporte, aportando una mirada técnica y apasionada en cada combate.
Además de su rol como comentarista, también tuvo un fuerte vínculo institucional: trabajó durante más de dos décadas en el Consejo Mundial de Boxeo, donde se desempeñó como secretario ejecutivo junto a José Sulaimán, siendo parte activa del crecimiento y la proyección global del organismo.
Dolor y repercusiones en el ambiente del boxeo
La noticia de su muerte generó un fuerte impacto en el ambiente deportivo. Uno de los primeros en despedirlo fue el relator Carlos Aguilar, quien lo recordó con emoción: “Un hermano que me dio esta vida en el boxeo”. También se sumaron mensajes de figuras como Julio César Chávez y el periodista David Faitelson, quienes destacaron su calidad humana y su enorme conocimiento del deporte.
Por su parte, Mauricio Sulaimán remarcó su cercanía con la familia del boxeo: “Era como un hermano, trabajador y leal. Se lo va a extrañar siempre”.
Un legado que trasciende fronteras
Radicado durante más de 50 años en México, país que adoptó como propio, Lamazón dejó también un mensaje de despedida que refleja su historia: agradeció al pueblo mexicano por haberle dado un hogar, oportunidades y un profundo sentido de pertenencia.
Su fallecimiento marca el final de una era en el relato del boxeo, pero también deja una herencia invaluable: la de un santafesino que llevó su pasión al más alto nivel y se convirtió en una voz inconfundible del deporte a nivel internacional.
Fuente: Diario Uno Santa Fe
