Al partido le quedaba apenas un suspiro. A Germán Conti, una aparición decisiva. En la penúltima jugada de la noche, el defensor fue a buscar al área de Huracán lo que terminaría siendo el premio mayor para Gimnasia: un cabezazo agónico para darle la victoria en el Ducó. Después de hacerse fuerte en los duelos aéreos durante el encuentro, ganó el que más pesaba. El del triunfo. Y una revancha para un jugador que había quedado apuntado por la roja en el Clásico Platense y que se transformó en fundamental.
La jugada nació en un tiro libre desde la izquierda, del lado de la cancha que da a la platea Miravé. Desde allí salió un centro perfecto a la cabeza de Conti, quien conectó para resolver un partido que ya consumía sus últimas acciones. La pelota rozó levemente en un jugador de Huracán y sorprendió a Hernán Galíndez. Un desvío mínimo dentro de una secuencia de impacto enorme: el Lobo encontraba el gol cuando al Globo prácticamente no le quedaba tiempo para reaccionar.
No fue una aparición aislada dentro de su actuación. El defensor ganó cinco de los ocho duelos aéreos que disputó, una muestra de su peso en ese rubro más allá del festejo. El cabezazo en el área rival fue la expresión más valiosa de una fortaleza que sostuvo a lo largo del partido.
También sumó un tackle ganado y un 86% de precisión en los pases, números que completaron una noche en la que aportó tanto en la disputa como en la salida. Porque, además de imponerse por arriba, Conti ofreció una circulación limpia desde el fondo.
El festejo tuvo, además, un antecedente cercano: fue su segundo gol en el semestre, después del que había convertido frente a Tigre. Aquel también había llegado de cabeza. Una herramienta que volvió a poner al servicio de Gimnasia, esta vez con el valor agregado de la agonía.
Conti defendió, entregó con precisión y, cuando parecía que ya no había tiempo para cambiar la historia, apareció en el área de enfrente. Le alcanzó con ganar una pelota más. La que hizo ganar al Lobo.
