El regreso de Luis Miguel Rodríguez al fútbol local no fue un trámite más; fue una función con su sello inconfundible. En el esperado duelo entre Ñuñorco y Santa Rosa, el «Pulga» demostró que el tiempo pasa, pero la calidad permanece intacta.
El reloj marcaba el momento de la verdad cuando el «10» se hizo cargo de un penal clave. Con la parsimonia de los distintos, Rodríguez acomodó la pelota y, sin rastros de presión, ejecutó una sutileza que dejó al arquero Gonzalo García sin respuestas. Ni potencia ni apuro: solo un toque preciso al palo opuesto para sentenciar el 3-1 definitivo.
Este debut oficial en la Liga Tucumana cumplió con todas las expectativas. El ídolo no solo selló el resultado para Ñuñorco, sino que le recordó a los presentes por qué sigue siendo uno de los jugadores más determinantes de la región. El «Pulga» volvió, y lo hizo de la única forma que sabe: con el arco entre ceja y ceja.
