Home Deportes Como en los tiempos de Gloria: El Parma de Italia nuevamente «Copado»...

Como en los tiempos de Gloria: El Parma de Italia nuevamente «Copado» de Argentinos.

En Parma ya no sorprende escuchar acentos argentinos en cada rincón del vestuario. Tampoco ver un mate pasar de mano en mano o escuchar cumbia en el gimnasio. Lo que sí empieza a llamar la atención es la magnitud del fenómeno: seis futbolistas del país —“seis y medio”, corrigen desde adentro— conviven en el plantel de uno de los clubes históricos de Italia. En una entrevista con LA NACION, los jugadores Mateo PellegrinoMariano TroiloChristian Ordóñez Franco Carboni cuentan las intimidades de la numerosa “manada” argentina.

Seis y medio. Está Cremaschi”, interrumpe Troilo apenas comienza la charla, recordando que dentro de los seis argentinos que integran el plantel —al que lo completan Lautaro Valenti Nahuel Estévez— está también Benjamín Cremaschi, nacido en Estados Unidos pero hijo de argentinos. Pellegrino asiente a la corrección.

Las risas aparecen rápido en el grupo y marcan el tono de una entrevista que, más que formal, se convierte en una conversación entre compañeros que se conocen de memoria. La escena se repite a lo largo de la charla: respuestas que se pisan, bromas internas, miradas cómplices.

Parma regresó a la Serie A en 2024 tras consagrarse campeón del ascenso, en un proceso sostenido que tuvo protagonismo argentino desde antes de esta camada. Valenti, el que más tiempo lleva en el club cumpliendo cinco años consecutivos, y Estévez formaron parte de ese equipo que devolvió al club a la élite del fútbol italiano. En aquel entonces había otros argentinos como Leandro Chichizola y Cristian Ansaldi. Hoy, son el equipo de Europa con más argentinos en su plantel, junto con Atlético de Madrid (6).

Ninguno de los cuatro —Pellegrino, Ordóñez, Carboni y el propio Troilo— habla de dificultades profundas para adaptarse. Al contrario: el proceso parece haber sido amortiguado por la presencia de los otros. “Fue bastante rápida la adaptación. Lo futbolístico me ayudó mucho”, cuenta Pellegrino, el goleador del equipo en la Serie A con ocho goles y máximo anotador de la temporada con 11.

En el caso de Ordóñez, el salto también implicó cambiar de contexto: el mediocampista llegó a Italia con apenas 21 años, después de consagrarse campeón con Vélez en la Argentina en 2024, donde tenía continuidad y protagonismo. “Me ayudó mucho Pele cuando llegué, con el idioma, con la ciudad. Después me fui adaptando de a poco”.

Carboni, lateral izquierdo de 23 años cumplidos recientemente, es el último en sumarse, lo resume con una frase que dispara otra ronda de sonrisas en la charla por videollamada: “Para mí fue demasiado fácil gracias a ellos. Es la primera vez que comparto con tantos argentinos y se me hizo muy lindo”. Luego también destacó las instalaciones del club, que “tienen todo lo que se necesita para crecer y mejorar como jugador”.

Troilo completa la idea con una mirada más íntima: “Estar lejos de la familia juega un poco en contra, pero los chicos se portaron de diez desde el primer momento. Se hizo todo mucho más fácil”. El defensor central de 22 años es la venta más cara en la historia de Belgrano (7,2 millones de euros según Transfermarkt).

Parma no es un destino cualquiera para los argentinos. A lo largo de su historia reciente, nombres como Hernán Crespo, Juan Sebastián Verón, Ariel Ortega y Roberto Sensini, que dejaron una huella profunda en el club, en una etapa en la que supo competir y ganar títulos a nivel europeo, como las Europa League (en ese momento Copa UEFA) de 1995 y 1999.

Parma no es un destino cualquiera para los argentinos. A lo largo de su historia reciente, nombres como Hernán Crespo, Juan Sebastián Verón, Ariel Ortega y Roberto Sensini, que dejaron una huella profunda en el club, en una etapa en la que supo competir y ganar títulos a nivel europeo, como las Europa League (en ese momento Copa UEFA) de 1995 y 1999.

Ese antecedente todavía pesa en el imaginario del hincha y también en el vestuario. “Sabía que habían pasado muchos argentinos y que el club había tenido una época de gloria”, admite Pellegrino, que tomaba la palabra cuando las preguntas eran generales. El resto asiente. Pero la teoría se transforma en pertenencia cuando pisan el club.

—¿El máximo goleador de la historia de Parma? —pregunta LA NACION.

Crespo —responden al unísono los cuatro.

No hay dudas en la respuesta. Son 94 goles para la leyenda argentina. Ni en la referencia. Sin embargo, lejos de sentir presión por ese pasado, el grupo lo vive como un incentivo. “No siento presión. Sí sabes que la vara está alta porque a los argentinos les fue bien acá. Querés seguir dejando una buena imagen”, explica Pellegrino. “Cuando entramos a la cancha queremos dar lo mismo que dieron ellos”, agrega Troilo, a quien también llaman “Nano”.

Fuera del fútbol, la rutina cambia. Parma no es Milán ni Roma. Pelea la mitad de tabla del torneo tras el reciente ascenso hace dos años. Es, como lo define Pellegrino, “un pueblito”. “La ciudad es muy tranquila, podes salir a caminar sin problema”, cuenta Ordóñez, a quien abreviaron en muchas ocasiones como “Ordo”. “Las distancias son muy cortas. En diez minutos estás en cualquier lado”, suma el número 9 de 24 años.

Ese ritmo más calmo también moldea su vida cotidiana, en la que suelen moverse en grupo, dentro y fuera del vestuario. “Vamos más en manada”, define Pellegrino, sin rodeos. Y completa: “En general tenemos vidas muy parecidas, porque todos estamos de novio, llegamos a casa y tenemos a nuestra chica ahí que nos está esperando. Vidas muy tranquilas también”.

Las costumbres argentinas se mantienen intactas: mates, asados y reuniones en casas. Hasta torneos virtuales de FIFA en la PlayStation. “Jugamos todos juntos al Clubes Pro”, contó Carboni. El modo del popular juego permite crear un club con amigos en el que cada uno controla un jugador. La organización también tiene su lógica: un grupo de WhatsApp define quién está disponible para jugar cuando tienen libre a la tarde.

—¿Cómo se llama el equipo?

El Nine Gato FC —responde Ordóñez, entre risas.

La explicación llega enseguida: una referencia interna a un video viral en TikTok sobre el shopping Nine de Moreno, barrio donde es oriundo el surgido en Vélez Ordóñez, en el que se decía que era el “más villero de la Argentina”.

También exportan cultura al vestuario, no solo el mate, que lograron que prueben varios italianos dentro del plantel, sino también música. “Hicimos que a muchos les guste la T y M. ‘Amor de vago’ suena en el gimnasio”, revela Pellegrino.

Ese sentido de pertenencia también tuvo un reconocimiento formal: Pellegrino, junto con Lautaro Valenti y Nahuel Estévez, fueron distinguidos el año pasado por la AFA como embajadores del fútbol argentino en el exterior. “Fue una noticia que me sorprendió y la tomé con mucho orgullo”, recuerda el delantero.

Como en todo grupo, hay roles definidos. Aunque nadie escapa a las cargadas. “El más cargoso es Carbo”, sentencia Pellegrino. Ordóñez y Troilo asienten. Este último suma: «Es cargoso, no jodón”. El apuntado Franco Carboni responde riendo que “capaz» y destaca que sobre todo Nano Troilo es la victima de sus bromas. “Todas las mañanas me ataca”, aclara el nacido en Córdoba.

En el otro extremo, el más serio también tiene nombre propio. “Pellegrino”, dicen todos al mismo tiempo. Sumán también a Nahuel Estévez, a quien a veces “vuelven loco” siendo el más veterano del grupo argentino, con 30 años. El asado, ritual inevitable para los argentinos, también tiene responsable: “Lo hago yo”, admite el delantero.

—¿Hace buenos asados?

Normalito —lo cruza Trolio en chiste.

Hasta tienen un ranking de mates. Ordóñez lo enumera con precisión: “Top uno, Mateo. Después Nano, después yo… y después Carbo”. Estévez encabeza el final del top. “No sé si el peor. Es que este año no cebó un mate”, acusa en broma Pellegrino.

El idioma aparece como otro de los desafíos en el día a día, aunque también ahí el grupo funciona como sostén. Franco Carboni no tuvo inconvenientes, ya que terminó de formarse en Inter desde chico y pasó por varios clubes italianos (seis con Parma): “Estoy hace mucho tiempo en Italia, lo hablo y no tengo problema”. Distinto es el caso de los demás.

Lo entiendo bastante, pero me cuesta mucho hablarlo”, admite Christian Ordóñez. Por su parte, Mariano Troilo coincide: “Lo entiendo bien, pero a la hora de hablar se complica”. Ambos llegaron en el mismo mercado desde el fútbol argentino, en su primer cambio de club tras formarse en Vélez y Belgrano, respectivamente.

El proceso, en muchos casos, se volvió más práctico que académico. Ordóñez lo explica con una sonrisa: “Al principio hacíamos clases, pero no entendíamos mucho… ahora escucho y trato de aprender en el día a día”. En ese contexto, la presencia de varios argentinos vuelve a ser clave. “Si uno no entiende algo, nos ayudamos”, cuenta.

“Estamos en un contexto favorable”, añade Pellegrino, quien admite que “habla muy bien ahora”. Incluso el cuerpo técnico facilita la adaptación: si una indicación no queda clara en italiano, aparece el español como respaldo, gracias al joven entrenador —tiene la misma edad que el más experimentado Estévez— nacido en España, Carlos Cuesta García, exayudante de Mikel Arteta en Arsenal.

Detrás del grupo, cada uno arrastra su propio recorrido. Carboni, tras varios préstamos en Italia y su fallido paso por River, busca estabilidad. “Intento tener continuidad. Me gustaría quedarme acá”, reconoce. Justamente, sobre su paso fugaz por el millonario, al que llegó a pedido de Martín Demichelis pero se fue tras la llegada de Marcelo Gallardo, sin debutar, fue claro: “Fue algo rápido, pero no fue malo. Siempre se manejó todo de buena manera”.

Pellegrino, por su parte, afirma: “Sí, estoy en el mejor momento de mi carrera. Esta liga es muy competitiva y poder hacer goles acá es importante”. Sobre una posible convocatoria internacional, teniendo la posibilidad de jugar para la selección de España, evita definiciones: “Estoy enfocado en el día a día”.

Hijo del entrenador campeón internacional con Lanús, Mauricio Pellegrino, no pierde de vista lo que sucede del otro lado del océano. “Importancia le doy mucha porque es familia. Siempre quiero lo mejor para él”, dice. Sin embargo, la distancia impone límites: “Se me complica por el horario, pero lo primero que hago cuando me levanto es ver el resultado o el resumen”. El presente de su padre, que recientemente hizo historia con el Granate en el Maracaná, también lo moviliza: “Orgullo, porque es algo que venía buscando. Alegría total por él y por toda mi familia”.

En cuanto al mundo selecciones, Troilo recordó su paso por la Argentina el año pasado con emoción. “Fue una locura. Ver a Messi en persona, entrenar con él… no caía”. En ese contexto también vivió una situación que recuerda con algo de verguenza: tiempo antes le había enviado mensajes al capitán tras la consagración en la Copa América 2021. “Le había mandado de todo cuando salió campeón. Después, cuando lo tuve ahí, me puse nervioso y no quería que viera los mensajes”, cuenta entre risas. “Me iban a agarrar para la cargada”. Y sobre Messi, completa: “Muy humilde, muy simple”.

Parma pelea la mitad de la tabla en Italia y, si bien se alejo de los puestos de descenso, atraviesa una mala racha de seis partidos sin poder ganar, con cuatro empates y dos derrotas.

La charla avanzó entre interrupciones, chicanas y risas del grupo. En un momento, Carboni intenta responder en serio y se detiene, tentado por las caras de sus compañeros. “Es muy difícil así”, dice, sin poder terminar la frase. La escena resume todo. Parma tiene seis argentinos. O “seis y medio”. Pero, sobre todo, tiene un grupo que convirtió la distancia en cercanía, la adaptación en algo colectivo y el vestuario en una pequeña extensión de la Argentina. “Te hace sentir un poco más como en casa al ser tantos argentinos”, resume “Pele”.

Salir de la versión móvil