Boca se sintió como en casa en Núñez. Antes de empezara el partido, el Xeneize ya había ganado la batalla psicológica en los pasillos del Monumental. Como ya es costumbre en la gestión de Juan Román Riquelme, la utilería del club montó un operativo relámpago para transformar el vestuario visitante en un búnker puramente azul y oro.

Al llegar al Monumental, el plantel de Claudio Úbeda se encontró con una escenografía que borró cualquier rastro de River. Paredes ploteadas, banderas en el techo y frases que buscaban encender la chispa antes del calentamiento: «El movimiento popular más grande del mundo» y un contundente «El único grande» decoraron las paredes donde habitualmente se cambian los rivales del Millonario.
Al final, la «mística» de los utileros dio sus frutos: Boca se llevó un triunfazo de visitante, estiró su racha positiva en los clásicos y dejó en claro que, para ellos, no existen los escenarios extraños.