Home Destacadas Destacadas Derecha LOS CAMBIOS en la HISTÓRICA PLAZA COLÓN, conocida como Plaza de las...

LOS CAMBIOS en la HISTÓRICA PLAZA COLÓN, conocida como Plaza de las Palomas, Y SU HISTÓRICA FUENTE, en el eje del debate

La Municipalidad lleva adelante una modernización del histórico espacio público. Urbanistas, historiadores y vecinos presentaron reparos al proyecto. Qué valor patrimonial tiene la centenaria fuente.

Frente al Puerto de la ciudad de Santa Fe, entre vías de comunicación que conducen al antiguo frente portuario y a barrios que crecieron al ritmo del río, la Plaza Colón guarda misteriosas capas de historia que muchos vecinos recorren a diario sin advertirlo. Allí, en el tradicional Palomar, durante décadas el sonido del agua de una fuente acompañó juegos infantiles, encuentros y paseos familiares. Los retratos fotográficos tomados en ese paseo permanecen vivos en la memoria de la ciudad, celosamente guardados en los cajones de los abuelos. Hoy, esa misma fuente es el centro de un debate que mezcla patrimonio, memoria y la pregunta inevitable sobre cómo debe renovarse un espacio público histórico.

La Plaza Colón es un paseo nacido junto al puerto.

La historia del lugar se remonta al proceso de modernización urbana impulsado durante la primera mitad del siglo XIX por el gobernador Estanislao López (1818–1838). En ese tiempo se delineó un paseo cercano al antiguo embarcadero de la ciudad, primero conocido como Alameda y luego como Paseo de las Ondinas.

Su cercanía con la actividad portuaria hizo que también se lo llamara Plazoleta del Puerto o Paseo del Puerto, denominaciones registradas en planos de fines del siglo XIX. En 1888 pasó a llamarse Paseo Garay y, finalmente, en 1900 adoptó el nombre de Paseo Colón, antecedente directo de la actual plaza.

La ribera del puerto
La zona era entonces parte de un gran cinturón costero forestado que acompañaba la expansión urbana hacia el este. En la memoria de la ciudad se registra que en 1892 se levantó allí un obelisco con un globo en su cima para conmemorar el cuarto centenario del viaje de Cristóbal Colón. Sin embargo, el deterioro del paseo y las obras de relleno necesarias para la construcción del nuevo puerto obligaron a trasladarlo pocos años después.

Mirá también

Así quedará el espejo de agua de El Palomar tras la obra de renovación
La inauguración del puerto en 1911 impulsó nuevas obras urbanas con clara inspiración europeizante: parques, avenidas y espacios verdes que pretendían dar a la ciudad una imagen moderna. En ese contexto, el sector fue remodelado y se convirtió en un amplio paseo con arbolado, senderos y hasta un anfiteatro natural donde se realizaron actos y reuniones políticas.

Incluso existió un proyecto, en 1923, para construir allí la Escuela Normal de Maestros, iniciativa que finalmente se descartó, permitiendo que el espacio continuara siendo una plaza pública.

La remodelación que dio forma a la plaza actual
La fisonomía que hoy se conoce comenzó a consolidarse décadas después, durante la intendencia de Francisco Bobbio, hacia 1937, cuando se reestructuró integralmente el sector. El proyecto municipal, a cargo de los arquitectos Van Lacke y Galli y bajo la responsabilidad de ejecución del técnico constructor Gollán, incorporó criterios urbanísticos modernos, aunque mantuvo principios paisajísticos tradicionales.

El espacio se organizó a partir de ejes y recorridos radiales cuyo punto de mayor jerarquía fue el Palomar, pensado como centro simbólico del paseo. La composición se completó con senderos, áreas de juegos, bancos y taludes verdes.

Sobre uno de los ejes principales se dispuso el monumento a Colón, obra del escultor José Sedlacek, junto con un estanque que incorporaba el relieve de la provincia y que más tarde daría lugar a la fuente rectangular que durante generaciones se convirtió en una de las postales del lugar.

ELLITORAL_GALL_84713 | Flavio Raina Un chaparrón y baño asegurado para las palomas de la plaza Colón. El miércoles pasado se registraron algunas precipitaciones en la capital santafesina durante la mañana pero el tiempo mejoró hacia el mediodía.
La plaza Colón es también la «plaza de las palomas». Aquí, un retrato con lluvia. Flavio Raina.

La plaza pasó así a integrarse, junto al cercano Parque Alberdi, en uno de los centros de paseo infantil más concurridos de la ciudad, aunque su antigua relación visual con el río quedó interrumpida por el crecimiento del área portuaria y la apertura de las avenidas Alem y 27 de Febrero.

Gran parte de estos datos fueron recopilados y sistematizados en trabajos académicos de la Universidad Nacional del Litoral, particularmente en el inventario patrimonial elaborado por su Facultad de Arquitectura y Urbanismo, que documenta edificios y espacios históricos de Santa Fe.

La fuente: símbolo cotidiano

La fuente hoy en discusión, construida hacia 1940–41, se convirtió en un punto de encuentro casi automático para generaciones de santafesinos. Muchos recuerdan las fotos familiares tomadas por Don Antonio Mitri, las tardes de juegos o las caminatas dominicales con el agua de fondo y las palomas revoloteando alrededor del Palomar.

Con el paso del tiempo, el deterioro estructural y los problemas de mantenimiento fueron volviendo cada vez más difícil su conservación. Filtraciones, instalaciones obsoletas y fallas en el sistema hidráulico terminaron por ponerla en el centro de los debates sobre cómo intervenir el lugar.

Restauración y polémica
En los últimos años el Gobierno provincial restauró la histórica casa de Sor Josefa Díaz y Clucellas, ubicada frente a la esquina noreste de la Plaza Colón. A comienzos de este año, la Municipalidad inició un plan integral de puesta en valor de la plaza. Dentro de ese proyecto se decidió retirar la fuente rectangular y reemplazarla por un espejo de agua a nivel del suelo, con el objetivo de mejorar la accesibilidad, modernizar el espacio y volver visible el relieve de la provincia —la “bota”— que permanecía oculto.

Y así quedará el espejo de agua, según el proyecto de la Municipalidad que se visualiza en este render. Foto: Gentileza
Y así quedará el espejo de agua, según el proyecto de la Municipalidad que se visualiza en este render. Foto: Gentileza

La obra se ejecuta en cuatro meses a cargo de la constructora Sofía —que a su vez construye un edificio en torre frente al paseo, sobre calle Rivadavia— mediante un Convenio Urbanístico, herramienta prevista en el Reglamento de Ordenamiento Urbano (ROU) y validada por el Concejo Municipal, que permite recuperar plusvalía urbana. “Es decir que le cuesta cero pesos a la ciudad”, destacó Eduardo Rudi, secretario de Desarrollo Urbano y Gestión Hídrica de la Municipalidad.

La fuente de la Plaza Colón. Flavio Raina.
La fuente de la Plaza Colón. Flavio Raina.

La decisión, sin embargo, generó polémica inmediata. Historiadores, urbanistas, profesionales y vecinos cuestionaron la eliminación de lo que consideran un elemento identitario del paseo. Un grupo de referentes, entre ellos Teresita Cataudella, Alicia Talsky, Luis María Calvo, Pascualina Di Biasio, Rosalía Aimini, Paula Busso y Zunilda Allassia, impulsó una campaña de firmas para impedir la demolición, argumentando que la fuente forma parte de la memoria afectiva colectiva. También expresó públicamente sus reparos el historiador Alejandro Damianovich, quien consideró el estanque un “patrimonio urbano” y una “referencia visual junto al Palomar”.

Entre quienes promovieron el reclamo figuran investigadores y gestores culturales que sostienen que la intervención debería haberse orientado a restaurar la estructura existente, mejorar el sistema de agua e incorporar iluminación y mantenimiento, en lugar de reemplazarla. Durante el fin de semana también estaba prevista una asamblea ciudadana en el entorno de la fuente para debatir el tema.

La controversia actual tiene además un antecedente cercano: años atrás, cuando se encaró la remodelación del vecino Parque Alberdi, también surgieron fuertes discusiones entre autoridades, especialistas y vecinos sobre los cambios introducidos en un espacio verde histórico. Aquella intervención generó cuestionamientos por la modificación de sectores tradicionales del paseo, un debate que hoy reaparece con la situación de la Plaza Colón y muestra la sensibilidad social que despiertan las transformaciones en espacios públicos con fuerte carga afectiva.

La postura del Municipio

Más allá de las expresiones públicas de quienes se oponen, hasta este viernes ninguno de estos sectores había presentado un pedido formal ante el Municipio, aunque sí lo hicieron ante distintos sectores políticos del Concejo Municipal.

Desde el gobierno local, en cambio, sostienen que la intervención busca recuperar el valor histórico del sitio y adaptarlo a usos actuales, priorizando seguridad y accesibilidad.

“Es una fuente a nivel, solidaria con el espacio de solado, conformando un solo espacio con un espejo de agua”, dijo Rudi días atrás ante la consulta de El Litoral. “Vamos a poder ver el mapa político de nuestra provincia de Santa Fe con los 19 departamentos, que está debajo de la fuente actual y hoy no podemos apreciar”. La posibilidad de ver la “bota” permitirá que quienes recorran el lugar o vayan a tomar mate puedan reconocer la superficie provincial como un elemento icónico de la ciudad. En cuanto a los detalles, explicó que “quedará el mosaico de la provincia con el espejo de agua y emergerán chorros ornamentales para enfatizar la escena de la ‘bota’”.

Un debate sobre cómo cuidar la ciudad

La discusión en torno a la fuente revela algo más profundo: cómo equilibrar la preservación patrimonial con las transformaciones necesarias para que los espacios públicos sigan siendo utilizados y disfrutados.

Santa Fe, hacia 1905. Plazoleta del Puerto, actual Plaza Cristóbal Colón. En sus jardines puede observarse la pirámide conmemorativa del Descubrimiento de América, la que hoy se encuentra en Plaza España. A la derecha, en la calle Rivadavia, desde La Rioja a Salta, el edificio de la empresa naviera de Carlos Sarsotti. Imagen: 8/8

La Plaza Colón, nacida al calor del puerto, transformada por sucesivas etapas urbanas y apropiada por generaciones de santafesinos, vuelve así a ocupar un lugar central en la conversación pública. Mientras máquinas y obreros avanzan sobre la renovación, vecinos y especialistas discuten qué partes del pasado deben conservarse y cuáles pueden cambiar.

Tal vez, como ocurre con toda ciudad viva, la respuesta se construya con el tiempo. Entretanto, la plaza continúa siendo escenario cotidiano de juegos, caminatas y encuentros, recordando que el patrimonio no sólo está en las obras, sino también en las memorias que allí se siguen creando.

Por Nicolás Loyarte para ellitoral.com

Salir de la versión móvil