Especialistas de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y funcionarios de la provincia de Santa Fe se reunieron en la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (FICH-UNL) para analizar el escenario actual ante el fenómeno de El Niño. El objetivo central del encuentro fue acercar información precisa a la comunidad y a los gobiernos locales sobre las características de este evento climático, las herramientas de prevención disponibles y los factores que determinarán su impacto en el territorio santafesino.
Felipe Franco, decano de la FICH, señaló que la universidad busca poner a disposición el conocimiento de sus equipos especializados. Entre ellos se destaca el Centro de Estudios de Variabilidad y Cambio Climático (CEVARCAM), liderado por la investigadora del CONICET Gabriela Müller. Franco detalló que el propósito es comprender la naturaleza de El Niño, evaluar las medidas estructurales y no estructurales de los gobiernos locales y provinciales, y sumar desde la academia en materia de concientización ambiental.
La anticipación tecnológica como ventaja clave
Durante su intervención, Gabriela Müller subrayó que la región cuenta hoy con una ventaja inédita: el tiempo de previsión. “Es la primera vez que tenemos tanto tiempo de anticipación y conocimiento sobre este fenómeno”, afirmó la investigadora. Explicó que esta ventana temporal permite diseñar planes de contingencia y encontrarse en mejores condiciones operativas frente a los posibles escenarios.
A pesar de esta ventaja, Müller advirtió que no es posible definir el impacto exacto de manera previa. Si bien los registros históricos demuestran que los episodios catalogados como fuertes o muy fuertes generan mayores consecuencias, el resultado final dependerá de múltiples variables.
A este esquema se le suma el factor del cambio climático. Según la experta, este componente «exacerbaría los impactos del evento del Niño», manifestándose principalmente a través de un incremento en la intensidad de fenómenos extremos como lluvias torrenciales y potenciales inundaciones. Respecto a la extensión cronológica, precisó que El Niño suele registrar una duración promedio de entre nueve meses y un año, sujeta a la evolución propia del fenómeno.
Monitoreo de las cuencas: Qué esperar del Paraná y del Salado
Por su parte, Carlos Paoli, profesor honorario de la UNL y docente investigador de la FICH, enfatizó la importancia de diferenciar metodológicamente lo «posible» de lo «probable«. El especialista aclaró que en la actualidad se habla de un escenario físicamente posible, pero que resulta inviable determinar un porcentaje exacto de probabilidad estadística.
Al evaluar las cuencas en el momento del análisis, Paoli indicó que presentan niveles normales de aguas medias, con un Río Paraná posicionado en los 3,15 metros. Para dar perspectiva, recordó que las grandes crecidas históricas de los años 1983, 1992 y 1998 superaron la marca de los siete metros, por lo que los registros actuales se encuentran distantes de esos parámetros.
No obstante, aclaró que el comportamiento futuro del río dependerá estrictamente del régimen de precipitaciones, cuya distribución geográfica exacta aún no se puede anticipar. Paoli ejemplificó que una crecida importante del Paraná no siempre se traduce en lluvias intensas locales. Recordó que en la historia regional existieron crecidas altas con pocas lluvias en la zona, así como también escenarios inversos: durante la inundación del año 2003 originada por la cuenca del río Salado, el Paraná se encontraba en niveles bajos o de aguas medias.
Las variables de lluvia que encenderían las alertas
Al ser consultado sobre el volumen de agua esperado, Paoli fue determinante al señalar que la cifra exacta se desconoce. La gravedad de la situación dependerá de la superficie de la cuenca que resulte afectada. En el caso del río Paraná, que comparte con Paraguay un área de aproximadamente dos millones de kilómetros cuadrados, el impacto variará según las zonas donde se concentren las descargas pluviales. El investigador puntualizó que las complicaciones operativas suelen iniciarse cuando las lluvias mensuales en dicha cuenca superan los 200 o 300 milímetros.
El panorama técnico difiere al observar la cuenca del Río Salado. Al tratarse de una superficie menor, los efectos se concentran en un territorio reducido, lo que achica significativamente el margen de previsión a un tiempo de entre tres y cinco días. “Es imposible que nos anticipemos para saber hasta que no veamos cómo evolucione el régimen de lluvias”, resumió Paoli.
El llamado de las autoridades: Evitar alarmismos y seguir reportes oficiales
Frente a las proyecciones que sugieren un incremento en las posibilidades de un fenómeno con características muy fuertes, el secretario de Recursos Hídricos de Santa Fe, Nicolás Mijich, instó a la población y a las instituciones a evitar interpretaciones basadas en datos extraoficiales.
El funcionario recomendó canalizar las consultas exclusivamente a través de los informes diarios emitidos por la Secretaría de Recursos Hídricos provincial, el Servicio Meteorológico Nacional y la Organización Meteorológica Mundial.
Mijich concluyó destacando el valor de contar localmente con organismos científicos de referencia como la FICH y el Instituto Nacional del Agua (INA) junto a su centro regional. «Seguir más que nada informes oficiales y no generar alarma porque la alarma también paraliza», remarcó, insistiendo en la necesidad de gestionar la situación con datos certeros y oficiales a mano.
