En el escenario del Festival de Cosquín, los gobernadores Maximiliano Pullaro y Martín Llaryora protagonizaron un encuentro político clave para fijar una postura conjunta ante la reforma laboral impulsada por Javier Milei. Si bien los mandatarios de Santa Fe y Córdoba expresaron su acuerdo con la modernización de las leyes laborales y la disminución de los costos por litigios para las pequeñas y medianas empresas, aclararon con firmeza que no respaldarán ninguna iniciativa que vulnere derechos actuales o que perjudique las finanzas de sus provincias mediante la quita de impuestos coparticipables.
La inquietud central de ambos dirigentes se enfoca en el plan oficial de reducir el Impuesto a las Ganancias para las empresas. Según proyecciones técnicas, esta medida implicaría una pérdida superior a los $3,1 billones en la masa de recursos que se distribuye a las provincias, lo que afectaría severamente los presupuestos locales. Ante este panorama, sugirieron que cualquier alivio fiscal debería enfocarse en tributos nacionales que no se comparten con los distritos, como las retenciones o el impuesto al cheque.
Durante la reunión, Pullaro aprovechó para resaltar el valor del modelo productivo del interior argentino por sobre el centralismo de Buenos Aires, definiendo a Santa Fe y Córdoba como provincias equilibradas que priorizan el trabajo y la producción. El gobernador santafesino sostuvo que al país le iría mejor si el Gobierno nacional observara el esfuerzo diario del interior, subrayando que sus regiones no demandan planes sociales sino oportunidades laborales.
Finalmente, los mandatarios ratificaron su apoyo a los festivales populares, entendiéndolos como generadores de empleo genuino. Esta postura marca una distancia ideológica respecto al enfoque estrictamente fiscalista de la administración central. Cabe destacar que este acercamiento se produce en un contexto donde ninguno de los dos gobernadores forma parte de la agenda de negociaciones que lidera el ministro del Interior, Diego Santilli.
