El riesgo país argentino cerró este viernes en 526 puntos básicos, su nivel más bajo desde 2018, y se consolidó como una de las principales señales de respaldo del mercado a la estrategia económica del Gobierno. La caída del indicador mejora el precio de los bonos soberanos, reduce el costo de financiamiento y acerca al país al objetivo oficial de volver a emitir deuda externa tras años de exclusión de los mercados internacionales.
El descenso del riesgo país, que mide la diferencia de rendimiento entre los bonos argentinos y los del Tesoro de Estados Unidos, estuvo impulsado por una combinación de factores: un contexto internacional menos tenso, tras señales de entendimiento entre Estados Unidos y Europa, y el programa de acumulación de reservas del Banco Central, que fortaleció la posición financiera del país.
En la Casa Rosada y el Palacio de Hacienda destacan tres variables clave: el riesgo país en mínimos de siete años, un dólar oficial en el nivel más bajo de los últimos dos meses y una seguidilla de compras de divisas por parte del BCRA que permitió reforzar las reservas. En este escenario, el Gobierno analiza avanzar con una baja de tasas de interés para reactivar el crédito y estimular la inversión.
Según un informe del equipo de Macro & Estrategia de Adcap Grupo Financiero, el escenario base que manejan los inversores contempla una compresión gradual del riesgo país hacia la zona de los 450 puntos básicos, impulsada por la continuidad del superávit fiscal y la acumulación de reservas. Ese proceso ya se refleja en una mejora del desempeño de los bonos soberanos en dólares.
De acuerdo con el mismo informe, una caída de los spreads a esos niveles podría traducirse en subas de entre 13% y 16% en los bonos con vencimiento en 2030 y 2035. En un escenario más optimista, que combine una mejora en la calificación crediticia y mayor previsibilidad política, el riesgo país podría acercarse incluso a los 300 puntos básicos.
Para el Gobierno, la dinámica es central: un menor riesgo país reduce el costo de endeudamiento y amplía el universo de inversores dispuestos a financiar a la Argentina. El mercado ya empieza a mostrar expectativas de un regreso al crédito internacional, en contraste con lo ocurrido a comienzos de 2025, cuando la reinversión de pagos de deuda fue más limitada.
En ese marco, la acumulación de reservas aparece como uno de los pilares del proceso. Durante enero, el Banco Central compró cerca de US$1000 millones en el mercado cambiario y encadenó más de dos semanas consecutivas de saldo positivo. Desde el 5 de enero, las compras netas alcanzaron los US$979 millones, con un promedio diario superior a los US$65 millones.
Si bien parte de ese flujo fue utilizado por el Tesoro para afrontar compromisos con el FMI, el impacto sobre el dólar fue acotado: el tipo de cambio oficial acumula una baja cercana al 2% en lo que va del año. La elevada demanda de pesos, la reactivación de emisiones de deuda corporativa en dólares y la liquidación del sector agroexportador contribuyeron a sostener la estabilidad cambiaria.
Aunque persisten desafíos estructurales, como la baja inversión y la fragilidad de la actividad económica, la caída del riesgo país marca un punto de inflexión. Para el Ejecutivo, se trata de un paso clave en el camino hacia la normalización financiera y el regreso de la Argentina a los mercados internacionales de deuda.
