Le puso alma, corazón y panza. Porque era un partido pesado para Gimnasia y así tenía que salir a jugarlo. Y con un Nacho Fernández determinante – ¡y que convirtió con la boca del estómago!- se quedó con una victoria que vale mucho más que tres puntos.
Porque había mucho en juego para el equipo de Ariel Pereyra, obligado a ganar pensando en mantener vivas las chances de meterse en la Copa Libertadores -el “objetivo del semestre”, según el entrenador- y con la presión de que del otro lado de La Plata habían conseguido un día antes la clasificación a la final de la competencia continental.
Y en frente no tenía un rival para nada sencillo, porque Sarmiento llegaba como uno de los animadores de este Torneo Clausura y -además- con la bronca acumulada del último partido en el que se vio perjudicado en casa frente a Barracas Central. Pero Gimnasia fue ampliamente superior durante todo el encuentro y se quedó con un merecido 2-0 ante un adversario que se mostró deslucido en relación a sus juegos previos.
Gran parte de ese flojo desempeño del equipo de Facundo Sava tuvo que ver con cómo se desarrolló el trámite. Porque en el Bosque hubo un partido atractivo de principio a fin, con mucho ida y vuelta y una mitad de la cancha de paso. Para los de Junín, buena parte de su juego pasa por el mediocampo, pero Zabala y Martínez, sus principales cartas en el ataque, no lograron estar a la altura de sus últimas actuaciones y así, Sarmiento casi no logró inquietar, más allá de alguna llegada aislada.
Si bien el dominio del local era claro, con el 1-0 el partido mantenía cierto suspenso. Hasta que llegó el segundo tanto de la noche, con un gran remate de Franco Torres desde afuera del área, que nació de una recuperación de Ignacio Miramón -dueño del ritmo del partido, había iniciado un contraataque que terminó en gol pero que fue posteriormente anulado por el VAR por una falta previa.
