En una intervención firme desde el Vaticano, el Papa León XIV pidió un alto el fuego inmediato en Ucrania, instando a todas las partes involucradas a detener el uso de las armas y priorizar el camino del diálogo.
Lo hizo al término del tradicional rezo del Ángelus, desde el balcón de la Plaza de San Pedro, con un mensaje claro y sin ambigüedades: “La voz de las armas debe callar, mientras que debe alzarse la voz de la fraternidad y la justicia”.
El llamado fue recibido con atención en todo el mundo, especialmente en Europa del Este, donde la guerra entre Rusia y Ucrania sigue causando muertes, desplazamientos masivos y destrucción de infraestructura civil.
Una condena a la lógica bélica
El Pontífice hizo hincapié en la necesidad de renunciar a la lógica de las armas, como condición esencial para encontrar soluciones duraderas al conflicto. En sus palabras, “la paz nunca se construye desde la violencia”, y convocó a los líderes mundiales a hacer todo lo posible para detener los ataques, proteger a los inocentes y favorecer las vías diplomáticas.
León XIV no evitó mencionar el sufrimiento del pueblo ucraniano y pidió que no se normalice la guerra ni se ignore la tragedia que representa para millones de personas. En particular, expresó su cercanía a quienes han perdido familiares, han debido abandonar sus hogares o viven en medio del miedo constante.
Fraternidad, justicia y diálogo
En el eje del mensaje papal estuvieron presentes tres pilares: fraternidad, justicia y diálogo. Para León XIV, la paz no es simplemente la ausencia de guerra, sino un estado que requiere el respeto por los derechos humanos, la equidad social y la voluntad real de escuchar al otro.
“El odio y la venganza solo perpetúan el conflicto”, expresó el Papa, y agregó que la verdadera victoria está en aprender a convivir, incluso con quienes piensan diferente. En ese sentido, propuso un modelo de resolución basado en el encuentro y la empatía, que se opone abiertamente a la lógica de la confrontación.
El rol del Vaticano como mediador
Este nuevo llamado a la paz refuerza la intención de la Santa Sede de ofrecerse como puente de diálogo entre Ucrania, Rusia y otros actores internacionales. Desde el inicio del conflicto, el Vaticano ha sostenido una posición de neutralidad activa, ofreciendo su mediación en distintas etapas del proceso, aunque sin resultados concretos hasta el momento.
León XIV ha manifestado en varias ocasiones que la Iglesia Católica tiene una responsabilidad moral y espiritual frente a los conflictos armados, y que la diplomacia vaticana puede ser una herramienta valiosa cuando los canales políticos tradicionales se estancan.
Continuidad con el legado papal
Si bien León XIV asumió recientemente el liderazgo de la Iglesia, su postura sobre la guerra en Ucrania se presenta como una continuación del legado de sus antecesores, especialmente del Papa Francisco, quien también había denunciado el conflicto como una «guerra absurda y cruel».
No obstante, el estilo de León XIV muestra un enfoque más directo, apelando al lenguaje de la urgencia y elevando el tono de su intervención en relación a lo que se había escuchado en meses anteriores. Su mensaje apunta tanto a los gobiernos como a la conciencia colectiva de los pueblos, exigiendo una movilización por la paz más activa.
La esperanza como motor de cambio
Lejos de caer en el pesimismo, el Papa aseguró que todavía hay espacio para la esperanza, y que la voluntad de millones de personas en el mundo puede generar el cambio necesario.
“La historia ha demostrado que el diálogo es posible incluso en los momentos más oscuros”, afirmó, recordando otros episodios en los que la humanidad logró revertir escenarios de guerra mediante la palabra y la diplomacia.
También insistió en la importancia de rezar y actuar en favor de los más vulnerables. En ese sentido, llamó a los fieles y a las organizaciones de ayuda humanitaria a redoblar sus esfuerzos para asistir a las víctimas del conflicto, en especial a niños, ancianos y personas desplazadas.
Un mensaje que trasciende fronteras
El mensaje del Papa León XIV no está dirigido únicamente a los actores del conflicto en Ucrania. Es, en esencia, un llamado universal a rechazar la violencia como herramienta de poder. Su voz, desde Roma, busca generar conciencia global sobre la necesidad de construir un mundo basado en la cooperación, el respeto mutuo y la justicia.
En un contexto internacional cada vez más polarizado, sus palabras resuenan como una advertencia: la paz no puede seguir siendo postergada. Es una urgencia moral que interpela tanto a los gobiernos como a las sociedades.
