Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió Colombia el lunes por la mañana y generó escenas de enorme preocupación en distintas ciudades. Entre las personas que atravesaron el sismo se encontraban varios argentinos que viven en el país, quienes relataron los momentos de tensión, las evacuaciones y la incertidumbre que se vivió durante las horas posteriores.
Uno de ellos fue Mariano Valentino Álvarez, un psicólogo entrerriano de 38 años que reside en Manizales. El hombre se encontraba desayunando cuando comenzó el movimiento. Al principio parecía un temblor más, pero rápidamente aumentó su intensidad y la situación cambió por completo.
Álvarez contó que la vivienda comenzó a crujir y que, mientras intentaba salir por las escaleras, escuchó los gritos de sus vecinos y observó cómo se desprendían partes de las paredes. Una vez en la calle, se encontró con decenas de personas que habían evacuado en busca de un lugar seguro.
“Parecía una película de terror”, describió al recordar aquellos minutos. Su departamento quedó habitable, aunque sufrió grietas y daños materiales. Por precaución, decidió no regresar y pasó la noche en la casa de conocidos.
En Cali, José Antonio Greco, oriundo de Miramar y residente en Colombia desde hace más de dos años, se encontraba trabajando en un call center cuando comenzó el terremoto. El movimiento fue aumentando progresivamente hasta que se ordenó la evacuación del edificio.
Durante la salida, los trabajadores se encontraron con paredes dañadas y vidrios que se desprendían. Una vez afuera, Greco utilizó su teléfono para ayudar a compañeros que necesitaban comunicarse con sus familiares, ya que las líneas telefónicas presentaban dificultades.
La incertidumbre también alcanzó a las familias. Greco logró comunicarse con sus padres, que viven en Mar del Plata, para avisarles que se encontraba bien antes de que las imágenes del terremoto llegaran a la Argentina.
Otro de los testimonios fue el de Carlos Gustavo León, oriundo de Concordia y radicado en Ibagué desde hace 15 años. Su vivienda no sufrió daños estructurales importantes, aunque relató que en las inmediaciones se derrumbaron paredes de un edificio y de un colegio.
“Se movía todo. Era impresionante”, recordó León, quien además decidió postergar un viaje laboral debido a los derrumbes y las complicaciones en las rutas.
En Girardota, Gonzalo Pérez Pradella vivió el terremoto mientras se encontraba cerca del edificio donde vive. Primero creyó que el movimiento había sido provocado por un vehículo, pero rápidamente escuchó los gritos de los vecinos y comenzó la evacuación.
Pérez Pradella logró reunirse con su pareja y ayudar a una vecina que necesitaba asistencia para salir del edificio. Luego fue hasta la escuela para comprobar que el hijo de su pareja se encontraba a salvo. Ante la posibilidad de nuevas réplicas, permanecieron fuera de la vivienda durante varias horas.
“Todo se movía en la calle: los autos, los cables, los edificios. Es una sensación que jamás había tenido”, relató.
En tanto, Juan Molina, un correntino de 40 años que vive en Caldas, Antioquia, también debió abandonar su vivienda junto a su familia. Las ventanas comenzaron a moverse y las alarmas de los automóviles sonaron mientras los vecinos se concentraban en la calle.
Los testimonios de los argentinos reflejan la magnitud del impacto que tuvo el terremoto y la incertidumbre que se instaló después del movimiento, especialmente por las posibles réplicas y las dificultades para comunicarse con familiares y amigos.
Además, los argentinos residentes en las zonas afectadas comenzaron a organizarse a través de grupos de WhatsApp para ofrecer alojamiento, asistencia y comunicación a quienes pudieran necesitar ayuda.
