Un mes exacto pasó desde aquel parte médico que confirmó la lesión en el ligamento lateral de la pierna derecha de Cristian Romero y puso en estado de alerta a toda la Selección Argentina. El llanto desconsolado de Cuti, que chocó de lleno con su propio arquero Antonín Kinský ante Sunderland, presagiaba lo peor en la antesala del Mundial 2026. Pero no hubo tiempo para angustias: se secó rápidamente las lágrimas y puso en marcha una recuperación a contrarreloj que hoy tranquiliza a Lionel Scaloni.
Durante la primera etapa del proceso, estimada entre seis y ocho semanas en condiciones normales, el defensor permaneció con una férula para inmovilizar la zona, reducir el impacto y desinflamar la articulación. Todo bajo el seguimiento constante del cuerpo médico albiceleste, que incluso envió a Londres al kinesiólogo Luis García para monitorear de cerca cada avance.
Con el paso de las semanas, el dolor empezó a mermar. Y con él, también crecieron las ilusiones. Impulsado por la levantada de Tottenham (salió de la zona del descenso y quedó dos puntos por encima de West Ham) y, sobre todo, por la cercanía de la defensa del título en Estados Unidos, México y Canadá, Romero redobló esfuerzos.
Hoy el panorama es sensiblemente más alentador. Ya sin férula, se muestra enfocado, meticuloso y cumpliendo al pie de la letra cada rutina de rehabilitación. Así lo dejó ver en una reciente publicación en su cuenta de Instagram: brazos cruzados, firme sobre un cajón de entrenamiento, con la determinación de quien sabe que el reloj corre, pero también que el objetivo está al alcance.
En la cabeza del Cuti no existe otro escenario que no sea estar presente en el debut del 16 de junio frente a Argelia, en Kansas. También apunta a llegar a tiempo para los amistosos preparatorios: el 6 ante Honduras, en Texas, y el 9 contra Islandia, en Alabama, compromisos que podrían servirle para recuperar ritmo competitivo antes de la verdadera acción. En Ezeiza, mientras tanto, el optimismo crece. Y Scaloni cruza los dedos.







