La dirigencia de San Lorenzo de Almagro cerró un acuerdo relámpago con Iker Muniain, quien regresará al club pero esta vez para asumir el rol de director técnico del primer equipo. El vasco, profundamente identificado con la institución tras su retiro como futbolista profesional con la camiseta azulgrana a mediados de 2025, será el reemplazante de Gustavo Álvarez.
El llamado que cambió los planes y la «cláusula Boedo»
La llegada del español tuvo un giro imprevisto. Hace apenas unos días, Muniain había aceptado una propuesta para dirigir al Salamanca en la cuarta categoría de España. Sin embargo, su fuerte vínculo con el Ciclón hizo que tomara una precaución clave al firmar: incluyó una cláusula de salida sin costo en caso de recibir un ofrecimiento concreto de San Lorenzo. Gracias a esta previsión, la rescisión con el club europeo no significó ningún obstáculo económico para sellar su retorno a la Argentina.
Un desafío complejo que el DT aceptó sin dudar
El arribo de Muniain se concretó luego de que la primera opción de la comisión directiva, Ramón Díaz, rechazara el cargo, y mientras se evaluaban alternativas de peso como Rubén Darío Insua y Néstor Gorosito.
En las reuniones virtuales previas al acuerdo, los dirigentes no le ocultaron la difícil situación institucional y financiera que atraviesa el club, advirtiéndole que el plantel podría sufrir bajas importantes difíciles de reemplazar con nombres de jerarquía. Pese al adverso panorama deportivo, el vasco aceptó el desafío de inmediato debido al gran conocimiento que posee del día a día de la institución y de gran parte de los referentes del plantel.
El inicio de su segunda etapa en el club
Muniain, que viene de realizar sus primeras armas en el banco de suplentes al frente del CD Derio en la quinta división de España (donde peleó los playoffs de ascenso), viajará en el transcurso de la semana a Buenos Aires. Aunque restan pulir los detalles sobre la extensión final de su contrato, el acuerdo en el plano económico y en el proyecto deportivo es total, marcando el inicio de una apuesta fuerte y cargada de mística en Boedo.
