La decisión de Rodolfo Arruabarrena, anunciada en conferencia de prensa, no pasó inadvertida. Después del empate ante Racing, el entrenador resolvió que el plantel de Boca tenga el primer día libre después de más de un mes sin parate antes de retomar los entrenamientos pensando en Lanús. Un descanso que, por lo excepcional, también funciona como una fotografía del desgaste que atraviesa el equipo en este segundo semestre.
Es apenas la segunda jornada sin trabajo que tienen los jugadores desde que asumió el nuevo cuerpo técnico; la primera -y única hasta hoy- databa de mediados de julio, posterior al triunfo con Sarmiento. Una señal que muestra hasta qué punto el calendario dejó poco margen para recuperar energías.
Desde ese entonces, Boca disputó 10 partidos en apenas 37 días. En ese período, además, los jugadores tuvieron que afrontar tres viajes y acumularon 22 días de concentración sin descanso. Una exigencia que se refleja no solamente en la cantidad de encuentros, sino también en la dificultad para sostener una preparación normal entre partido y partido.
La decisión adquiere todavía más sentido al recordar una frase que el propio entrenador había pronunciado después del empate ante Newell’s, cuando describió con crudeza la realidad que enfrenta desde su llegada al club: “Hoy soy un seleccionador, no un entrenador. Solo elijo a los jugadores para el partido siguiente. Es lo que hay, no tengo porque esconderlo”.
En ese contexto, la planificación dejó de pasar únicamente por encontrar el equipo ideal y empezó a estar atravesada por la necesidad de administrar recursos. Lesiones, molestias y jugadores que llegan al límite físico obligan al cuerpo técnico a tomar decisiones fecha a fecha, tal como quedó demostrado este domingo con las salidas de Ayrton Costa y Milton Delgado.
Y el calendario todavía no da tregua. Boca volverá a trabajar el martes con la mira puesta en su próximo compromiso, que será ante Lanús este viernes en La Bombonera. Mientras, Arruabarrena deberá intentar recuperar físicamente a un plantel que en poco más de un mes tuvo que competir, viajar y concentrarse de manera prácticamente permanente.
